Ella es Ana. Tiene chorrocientos años. trabaja en un importante hotel de la ciudad. Le gusta el café, el ánime y la literatura fantástica.Tiene tendencias maniáticas y es muy feliz.
Él es Jaime. Tiene chorromil años. Trabaja como radiólogo en un hospital particular cerca del hotel donde trabaja Ana. Le gusta el té, los documentales y la literatura científica. Es bastante serio y le gusta mucho la sonrisa de Ana.
Cada mañana, Ana pasa por un café antes de ir a trabajar. Ha pensado en comprar un cafetera y llevarlo desde casa, pero hace tiempo, la cafetería se volvió un lugar interesante y sonríe cada vez que ve a Jaime.
Cada mañana, Jaime pide un té y varios dulces de café que comerá por la tarde, preguntándose cómo es que a la gente le gusta el café dulce y cómo es que ella lo toma a diario...
Cada tarde, mientras tiene un pequeño dulce entre la lengua y el paladar, Jaime se propone comprar al día siguiente un café, aunque sea con leche -dicen que le da un sabor especial-, para coincidir en algo más que tiempo y espacio con Ana... quizá mañana le hable, quizá la invite a salir, quizá pueda escuchar su voz dirigiéndose a él...
Porque mañana, con seguridad, quizá, la vea de nuevo.